En este siglo nos es imposible ignorar la influencia
e importancia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en
todo los ordenes de la vida. La disyuntiva no se encuentra en decidir si las
aceptamos o las resistimos, sino cómo las incorporamos en nuestra sociedad, de modo
de minimizar sus riesgos y de maximizar sus beneficios en función del bienestar.
Es esta la apreciación, que además compartimos, de los investigadores Jesús Lárez
y Carlos Abaffy (2009).
Éstos nos señalan que es importante recalcar
que las TIC no son una panacea para solucionar todos los problemas del
desarrollo, tales como la pobreza, la calidad de vida, y entre otros, la
igualdad de oportunidades. Por ello, el desarrollo de las TIC debe ir
acompañado de estrategias que reduzcan la sustancial brecha existente entre los
"que tienen" y los "que no tienen" conocimiento e
información.
Estas están íntimamente relacionadas –apuntan-
con las computadoras (hardware), software base y de aplicación, contenidos y
las redes de comunicaciones.
En atención a esto, nos sugieren que para una
mejor comprensión de este tema, es significativo también, revisar algunos
términos, a saber:
La Tecnología: Surge de la aplicación
de los conocimientos científicos con la finalidad de facilitar la realización
de las actividades humanas, dando como resultado la creación de productos,
instrumentos, lenguajes y métodos para adaptar el medio y satisfacer nuestras
necesidades.
La Información: Son todos los datos
procesados que tienen significado para determinado grupo sobre un determinado
fenómeno o ente. Su circulación asegura la transmisión y renovación del
conocimiento. Sirve para unir diferentes aspectos de una sociedad: lengua,
cultura, educación y economía entre otros.
La Comunicación: Es el sentido de
transmitir, difundir, como su nombre lo indica, es poner alguna cosa en común
con otro y entrar en relación con ella. Es la transferencia de datos a través
de un medio entre un emisor y uno o varios receptores. Como seres sociales los
seres humanos, además de recibir información de los demás, necesitan
comunicarse para saber más de ellos, expresar sus pensamientos, sentimientos y
deseos, coordinar los comportamientos, entre otros.
Así las cosas, consideran apropiado resaltar,
dichos investigadores, que las tecnologías de información y comunicaciones
(TIC) es un término que contempla toda forma de tecnología usada para crear,
almacenar, procesar e intercambiar información en sus varias formas, tales como
datos, conversaciones de voz, imágenes fijas o en movimiento, presentaciones
multimedia y otras formas, incluyendo aquéllas aún no concebidas.
A criterio de éstos, las mismas pueden entenderse
en diferentes aspectos: “Infraestructura”, “Infoestructura” e “infocultura”.
La Infraestructura (de las TIC) comprende
los equipos y dispositivos de computación y los programas bases que están
involucrados en el procesamiento, almacenamiento y difusión de información, así
como los elementos y protocolos de comunicación que permiten su transmisión y
transporte, incluyendo los dispositivos de conmutación y enrutamiento. A esto
se le suman los equipos terminales de usuario, ya sea por dispositivos
terminales propios o compartidos en una comunidad, conocidos como telecentros. Por su lado, la Infoestructura
comprende los contenidos y el software de aplicaciones que están
alojados, se ejecutan y que se acceden sobre la infraestructura. Incluye los programas,
las bases de datos y los contenidos tales como sitios Web, que residen en los
servidores y computadores interconectados. Al lado de una estructura de
información, se requiere una estructura de comunicación y de las comunidades
virtuales, como parte integrante de esta capa, al lado de los contenidos. Y la Infocultura comprende
la suma de los conocimientos, los métodos, las prácticas que poseen las
personas que se han apropiado del manejo de las TIC.
Nos reiteran que, para adquirir y asimilar esta
cultura, se requiere de procesos de apropiación que involucran procesos de alfabetización
digital e informacional, así como prácticas de uso dentro del entorno de esas personas.
Ahora bien, la apropiación comprende el proceso de aprendizaje que lleva
a personas, grupos u organizaciones, a tener un control sobre los usos de las
TIC en coherencia con sus entornos propios. Dentro de este elemento se
distingue la apropiación tecnológica,
que es cuando la tecnología llega a ser transparente de su uso, de la apropiación social, que es cuando la
tecnología se hace transparente de la función social o económica para la cual sólo
es una herramienta. El proceso de apropiación de personas, grupos y organizaciones
que no han tenido la oportunidad, por su historia o por su educación, de llegar
a esta relación estrecha con las TIC, requieren de un acompañamiento específico
que incluye combinaciones de educación, puesta en práctica y usos pertinentes
de sus entornos.
Por todo esto, Lárez y Abaffy (2009) afirman
que es innegable el efecto que tiene la “infraestructura” y la “infoestructura”
sobre la cultura, siendo que sobre este efecto es que se fundamenta la
importancia de las TIC en el desarrollo humano.
Al respecto, refieren dichos autores, que una
adecuada introducción de las TIC en el desarrollo humano debe estar acompañada
de un desarrollo paralelo y balanceado de todos los estratos culturales, pues,
no serán suficientes para lograr dicho objetivo, contar solamente con una
infraestructura e infoestructura adecuadas, para garantizar la efectividad que
estas comportan para las TIC.
Igualmente, advierten tales investigadores, que
para llegar a la TIC
para el Desarrollo (TICpD), se requiere sortear una serie de fases, tales como:
tener Acceso a la infraestructura abierta y accesible; la Adecuación del precio
de la infraestructura respecto a la capacidad de la población; la Sostenibilidad de
la infraestructura; contar con un buen nivel de Alfabetización (el usuario debe
leer, escribir y entender su propia lengua); contar con una Interfaz de la TIC en la lengua del usuario;
hacer un uso eficiente y productivo de las TIC; contar con Apropiación
Tecnológica; hacer uso de las TIC con significado en el contexto social; contar
con Apropiación Social; establecer “Empoderamiento” sobre éstas, pues, su uso
permite la transformación de la realidad; y por último, generar Innovación
Social, puesto que la acción de la transformación social, parte de soluciones
originales.
En torno a este aspecto, destacan los referidos,
que la concentración de la capacidad y el conocimiento para el almacenamiento, tratamiento
y difusión de la información han sido selectivos, y que éstos solo apuntan hacia
la búsqueda de la rentabilidad, generándose como resultado una gran disparidad
entre los que están interconectados y tienen las capacidades, y aquellos que
están fuera.
Argumentan que, por supuesto, esto ha creado lo
que se conoce como “Brecha Digital”, que dentro de este tema es sinónimo de
división, y se define como las diferencias que producen las TIC en las
oportunidades de desarrollo de las poblaciones, la cual se traduce en la
existencia de una distancia entre las poblaciones que tienen y las que no tienen
acceso a las denominadas TIC. Este concepto está asociado a otro más
preocupante, la brecha cognitiva, que
se deriva como consecuencia de los efectos de las distintas brechas observadas
en los principales ámbitos constitutivos del conocimiento, el acceso a la
información, la educación, la investigación científica, la diversidad cultural
y la lingüística, que representa el verdadero desafío planteado en la
edificación de las sociedades del conocimiento. Suele describírsele también
como la línea divisoria entre la población de “ricos” y “pobres” en
información, en la que los “ricos” son capaces de cosechar los beneficios
sociales y económicos del acceso a la infraestructura mundial de la información
y las comunicaciones.
Según reseñan dichos autores, la CEPAL afirma que “Esta nueva
forma de exclusión se identifica también como brecha digital internacional,
considerándola como el abismo que separa a las regiones y a los países, y
brecha digital doméstica, aquella que divide a los grupos de ciudadanos de una
sociedad.”
El fenómeno Brecha
Digital es producto del impacto social que generan las tecnologías de
información y comunicación (TIC), entendiéndose por “impacto social”, a decir
de Lárez y Abaffy (2009), las consecuencias para las poblaciones humanas, de
cualquier acción pública o privada que altera el modo en que las personas
viven, trabajan, juegan, se relacionan entre sí, se organizan para atender a
sus necesidades y, de forma general, reaccionan como miembros de la sociedad,
y cuyo concepto incluye también el impacto cultural, entendiendo por tal, los
cambios en las normas, los valores y las creencias que orientan y racionalizan
el conocimiento de las personas sobre sí mismas y su sociedad.
Dicho impacto social de las TIC se hace sentir
en la fuerza e influencia que tiene en los diferentes ámbitos y las nuevas
estructuras sociales que están surgiendo, produciéndose una interacción constante
entre la tecnología y la sociedad, en donde una influye sobre la otra, hecho
este que ha sido claramente explicado por Kranzberg, en su Ley sobre la relación
entre tecnología y sociedad, y en la que afirma que “La tecnología no es
buena ni mala ni tampoco neutral”, pero esta relación no debe entenderse como
una relación fatalista y determinista, sino como una relación que nos conduce a
nuevas situaciones y planteamientos que deben llevarnos a través de la
investigación y el análisis de sus efectos, a tomar posiciones que marquen el camino
y la dirección a seguir atendiendo a la sociedad que deseamos construir.
Señalan Lárez y Abaffy (2009), que esta
interacción entre las innovaciones tecnológicas y las estructuras sociales, es
también un efecto, producto del nuevo sistema económico global, puesto que la Globalización o
Mundialización, es un fenómeno que se produce por el impacto de las tecnologías
de la información y la comunicación sobre los procesos organizativos y
sociales, y está dirigida o guiada por diferentes agentes interesados en
establecer un nuevo modelo económico que permita el crecimiento y la expansión
tanto económica como estratégica.
De las situaciones antes planteadas, se infiere
entonces, tal como lo exponen Lárez y Abaffy (2009), que la Brecha Digital es una
expresión más de las desigualdades, que las TIC, como cualquier otro adelanto
tecnológico, no conducen directamente a la reducción de dicha brecha, y que,
por ende, frente a esta realidad, se hace necesario la construcción de una
economía más competitiva en el mundo globalizado, la prestación de servicios
más efectivos y eficientes a la población a través de las TIC, así como favorecer
el acceso directo a las TIC, instituyéndolo como un derecho de toda la población,
para acceder tanto al conocimiento como a la participación, acciones estas que
conducirán a que las TIC causen un impacto positivo en las condiciones de vida
del hombre, y sean inclusivas. Para esto se debe luchar contra una serie de circunstancias que dificultan la expansión de
las TIC, tales como la carencia de otros servicios, el despliegue de infraestructura
de acceso, problemas técnicos, falta de formación, barreras económicas, barreras
culturales, resistencia al cambio, problemas de Seguridad y riesgos propios del
medio: Virus, Hackers, Phishing, etc.
Lárez y Abaffy (2009), culminan refiriendo, que debemos
recordar que las TIC no son una panacea para solucionar todos los problemas del
desarrollo, tales como la pobreza, la calidad de vida y, entre otros, la
igualdad de oportunidades, y que en atención a esto, el desarrollo de las
TIC debe ir acompañado de estrategias que reduzcan la sustancial brecha entre los
"que tienen" y los "que no tienen" conocimiento e información; para que el país avance hacia la
sociedad de la información, éste requiere capacidad de dirección y gobierno, así
como el entendimiento ante los cambios que se avecinan.
Fuente:
Lárez, Jesús y Abaffy, Carlos (2009). Las TIC y la Brecha Digital. Su impacto en la Sociedad. En: 2da. Jornada de Ingeniería Informática. Tecnología con Sentido Social. Libro en formato digital.
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